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El escritor y crítico musical construyó una suerte de batea escrita en donde las fronteras entre lo culto y lo popular se diluyen sin sacrificar sus identidades. Fischerman traza una línea temporal extendida entre “Mi noche triste” (1916) y “El mar de Gerardo” (2022), que es también decir entre Gardel y Fito Páez, entre públicos y estilos.