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La privatización de los 90 se tradujo en un derrumbe en la calidad del servicio, el desplome de las inversiones y el aumento desmedido de las tarifas. Ahora, Milei busca replicar un modelo que ya fracasó, con un contrato a 30 años. La entrega de soberanía y el cambio de paradigma: el agua será un bien de mercado.