Ya se detectaron en Santa Fe, Buenos AIres y Entre Ríos. Este fin de semana el pánico se apoderó del mercado ganadero y de las autoridades sanitarias cuando confirmaron los primeros casos de scrapie clásico en ovinos, una enfermedad neurodegenerativa "prima hermana del mal de la vaca loca" que nunca había sido detectada en el país.
El primer caso se identificó el viernes en una cabaña de la provincia de Buenos Aires, pero en las últimas horas las autoridades sanitarias confirmaron otros dos focos en Santa Fe y Entre Ríos, lo que terminó de encender las alertas y temen que no se trate de un episodio aislado.
El foco inicial se habría originado en animales importados desde Paraguay hace unos dos años. Sin embargo, las autoridades ahora intentan reconstruir la trazabilidad completa, ya que no conoce si esos reproductores hayan tenido origen en otros países como Canadá o el Reino Unido y que Paraguay haya sido solo una escala previa para llegar a Argentina.
"Si entraron dos animales infectados en un rodeo, es probable que el resto esté contaminado", advirtió una fuente al tanto de la situación. Ese escenario abre un dilema sanitario difícil: una barrera sanitaria y sacrificar todo el rodeo o avanzar con estudios genéticos para intentar salvar animales resistentes, una alternativa mucho más costosa y compleja.
El sacrificio implica pérdidas millonarias para los productores, que presionan para evitar medidas drásticas, mientras que una respuesta tardía podría facilitar la expansión del virus y derivar en consecuencias mucho más graves, incluyendo restricciones comerciales internacionales.
En ese contexto, crece la preocupación por la capacidad de respuesta del SENASA, en medio del proceso de vaciamiento y recortes que sufre su organigrama donde muchos profesionales de carrera con el sueldo congelado hace meses se fueron a trabajar al sector privado, además de desafectaciones y de falta de recursos y movilidad para desarrollar los controles periódicos.
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